Como activista obrero iraní, comparto las aspiraciones de muchos en
América Latina. Los esfuerzos de aquellos que han luchado por defender
los derechos de los trabajadores y los pobres en la región siempre me
han inspirado. A diferencia de mi país, los movimientos de trabajadores
en América Latina han tenido éxito colocando a sus miembros en el
gobierno y asegurando el paso de reformas a su favor.
En Irán, no tenemos aliados en el gobierno. De hecho, tenemos todo lo
contrario. Tenemos un gobierno empeñado en aplastar a los sindicatos,
activistas y defensores de derechos humanos. Como jefe del Sindicato de
Conductores de Autobuses de Teherán, conozco esto por experiencia
personal.
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